¿Somos nosotros los responsables de todo cuanto nos rodea?
Mucho hemos leído y escuchado acerca del trabajo eléctrico que hay entre las neuronas, la materia de la luz y nuestro entorno cercano. Visto desde la forma mas sencilla, todo parte de nuestras mentes. Todo. Desde la mente damos inicio al más mínimo razonamiento, al estudio de las cosas y a la formación de las ideas. Desde la mente damos inicio a la actividad motora del cuerpo y de ahí al trabajo diario. El ser humano no evoluciono colmillos y garras para su supervivencia, evoluciono la mente, dicen. La estructura social de nuestra época no es más que la creación de un montón de mentes en ebullición. Entre ese montón de mentes están la suya y la mía. Sí, están las de nuestras familias, las de los vecinos, los amigos y la ciudadanía en general, el colectivo. Todos formamos parte del mecanismo, algunos de una manera activa y otros de una manera mucho más pasiva, pero el clima mental esta ahí, como las mareas del mar, yendo y viniendo aparentemente invisibles.
Los pensamientos que generamos los seres humanos desde nuestras mentes y los sentimientos que generan nuestros corazones son descargas eléctricas, nuestro funcionamiento corporal es a base de unas dimensiones eléctricas inimaginables. Una materia momentánea de un tamaño tal que casi solo puede llegar a existir porque la sospechamos y nos la imaginamos recorriéndonos, tal cual como se visten de luces ciertos seres de los fondos marinos. Así como alguna vez pasó con los átomos, los microbios, el ADN y otros, la ciencia del hombre moderno aun no es capaz de tener las sofisticadas herramientas para hacer estas mediciones de un modo más específico. Lo que me lleva a pensar: así como de los instrumentos salen ondas vibracionales que percibimos como música, tal vez de una manera similar, la energía generada por nosotros no se quede dentro de los “aparatos” que son el corazón y el cerebro, quizá esa energía sale y literalmente es capaz de influenciar y modificar el entorno que la rodea, el entorno mas cercano que es nuestro propio cuerpo, el entorno que rodea ese cuerpo, la casa, el vecindario, el pueblo y más; así como ya bien sabemos hace la telequinesis, la telepatía. Quizá las cosas solo comienzan a existir porque las imaginamos y lo que dejamos de imaginar deja de existir. ¿Qué pasaría entonces si nos entregamos a la queja sin propuesta y al pensamiento mal intencionado? Quizá la vanguardia de una verdadera toma de conciencia y el cambio de actitud hacia el buen sentir, sean un primer paso hacia una cotidianidad más responsable y comprometida, una cotidianidad más armoniosa y sincronizada con nuestro medio ambiente inmediato. La salud mental. El anhelado bienestar, la prosperidad, el equilibrio natural. El verdadero próximo plano de la humanidad.
Partiendo desde este suponer, podría llegar a imaginar que existe en nosotros una energía compuesta de partes aun mas pequeñas, coloquialmente seria como decir la mitad de la mitad de la mitad, de esa energía inimaginada podría estar hecha el alma de los humanos. Yéndome mas allá, diría que si esa energía existe, entonces es posible que exista una aun más leve, la que conforma el todo, la inmensidad de una gran marea sensorial. ¿Dios?
Ciertamente escribe el poeta W.B. Yeats, “Nuestras ciudades son fragmentos copiados de nuestro corazón”.
Otra taza de café.
Por Samuel Rangel
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